Juan-Luis
Pintos
Realidad e imaginario en Galicia
Santiago de
Compostela,
1997

 

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La imagen tópica de Galicia acumula rasgos definitorios de una realidad gallega lindante con la irrealidad. La tierra de “meigas” y de la “Santa Compaña”, el país del “Bosque animado” y las “Divinas palabras”, la nación de Breogán asimilada a Bretaña y a la verde Erín no parece ser susceptible de pensarse y describirse como algo realmente existente.

A esa imagen, identificada con la tradición, ha tratado de oponérsele otra definitoria de su ineludible “modernidad”. Es el discurso de los análisis económicos y políticos que construyen una imagen global de Galicia como pueblo laborioso, emigrante, productivo y autogobernado, que está “atrasado”, sí, pero que puede caminar por una senda semejante a la que ya siguieron otros pueblos “atrasados”, ya sea “por el buen camino” (modelo PP), ya sea por el “galeguismo & progresismo” (modelo PSOE).

Estas imágenes contrapuestas suelen ser utilizadas ambas en diferentes proporciones para referirse a una denominada Realidad gallega [1]. Los medios masivos, los lenguajes publicitarios, los diferentes tipos de discursos acerca de Galicia suelen jugar con esta “realidad bifronte” con excelentes resultados en el mercado turístico cultural, religioso y académico. Frente a las homogeneidades y homologaciones (piénsese en los aeropuertos, en los centros comerciales, en los restaurantes de lujo, en los hoteles y las casas de diseños tan semejantes entre sí aunque tan distantes en el espacio en distintas partes del mundo) se ofrece en el mercado múltiple lo diferente, la riqueza de contrastes, la variación de lo funcional. Galicia vende –en la perspectiva del pensamiento único- por “diferente”.

I
Ortega y Gasset recogiendo, sin citarlo, lo que ya decía a mediados del siglo XIX Karl Marx, afirma: 

"Todo lo que es, lo que está ahí, lo que tiene forma, sea la que sea, es producto de una actividad. En este sentido, todo ha sido hecho, y siempre es posible indagar cuál es la potencia que lo ha fraguado y que en esa obra deja para siempre la señal de sí misma [2]".

Si tratamos de decirlo con palabras de hoy tendríamos que afirmar que “Toda realidad es construida”, también la que atribuimos a Galicia. Los grandes creadores de las mitologías nacionalistas, especialmente los del último tercio del siglo XIX, elaboraron todo un conjunto de imaginarios de origen, de fundación, de identidad, de destino que asumió inicialmente las armas más débiles pero las más convincentes: las de la poesía y las del relato. Crecieron así, casi como las dos caras de la misma medalla, dos explicaciones diferentes de las “realidades” nacionales a lo largo del siglo XX: la mitológica y la científica positiva.

En estos finales de siglo, se habla en los discursos mediáticos del “resurgir de los nacionalismos” como si nuestra situación fuera semejante a la de finales del siglo pasado. En todo caso, se daría un paradójico vuelco de las posiciones finiseculares [3]

Pero lo que hoy nos preocupa no son las luchas ideológicas, difícilmente identificables en sus sujetos activos y en sus consecuencias (deseadas o no deseadas), sino la brutal fragmentación de las perspectivas desde las que se trata de construir los hechos como realidades [4].

Es desde esa experiencia de la fragmentación desde la que tendremos que abordar el llamado “hecho diferencial” gallego, pues la diferencia expresa una polisemia históricamente construida [5].

Esa diferencia no es producto de un azar, de una ineludible necesidad histórica, ni de un destino común atribuido trascendentalmente. La diferencia del “Spain is different” fue la forma en que la propaganda del franquismo vendió a los ciudadanos de países democráticos el morbo de una dictadura con “sand, sun and sex”. ¿Sobre qué imaginarios se construye hoy la realidad de Galicia, y cómo?

II
En los últimos años vienen apareciendo en los productos mediáticos diferentes referencias a los “Imaginarios” [6] como insatisfacción semántica frente a los viejos lenguajes ideológicos. La última campaña electoral gallega (Autonómicas 1997) ha representado una buena verificación de las observaciones que venimos realizando [7] acerca de la sustitución, en el discurso político, de la argumentación ideológica por la propuesta de alternativas construidas sobre diferentes imaginarios.

Y esta diferencia ha determinado en gran parte los triunfos y los fracasos de los diferentes partidos. Porque la construcción de la realidad gallega ya no se puede identificar con las formulaciones clásicas de los nacionalismos que pretendían representar una “realidad substantiva” con fuerte caracterización ontologizada en realidades tales como territorio, lengua, historia, cultura, raza, etc., a través de la cual algunos individuos pertenecientes a la nación puedan identificarse y ser identificados, mientras que el resto permanezca “fuera” como “lo otro” diferente del “nosotros”. Por ello resulta realmente paradójico y equívoco el informar sobre “el ascenso” o “la emergencia” del nacionalismo con ocasión de las elecciones gallegas, cuando justamente el discurso electoral puesto en circulación por el grupo etiquetado como nacionalista (el Bloque Nacionalista Gallego), empleaba diferentes recursos para ser identificado como “gallego”, pero no como contrapuesto o enemigo de realidades no gallegas [8].

Frente a la construcción de esa realidad como producto de parámetros ideológicos se ha impuesto la generación de imágenes de Galicia dependientes de imaginarios complejos. Es necesaria una somera clarificación conceptual del término “Imaginarios Sociales” y del sentido que damos a su uso, diferenciándolo de otros términos habituales en la perspectiva de la sociología de la cultura [9]. Los imaginarios proceden, según nuestro entender [10], de una transformación de las ideologías por la pérdida de su función de legitimación de la dominación al volverse opaco lo que anteriormente aparecía como plausible y verosímil [11].

La clarificación conceptual de las referencias se puede conseguir por la diferenciación con otros conceptos que compiten en su campo semántico, tales como los de ciencia, ideología y creencia. En el siguiente cuadro, podemos seguir ese proceso diferenciador, utilizando características descriptivas de dichos conceptos. Comenzamos con la distinción sobre la que se construye el concepto, y que en el caso de los imaginarios se refiere a la realidad: el imaginario se refiere siempre a la realidad o irrealidad de su objeto. Dicho en otras palabras, un imaginario nos permite percibir algo como real en el contexto de nuestra experiencia cotidiana, de ahí su definitiva relevancia política para mantener el estado presente de dominación o para tratar de transformarlo (“hacer la revolución”). Esta distinción inicial se despliega a través de un tipo determinado de discurso que, en nuestro caso, es el del discurso retórico en el que se asume toda una tradición comunicativa que viene de muy antiguo [12] y que hoy experimentamos como publicidad.

Las diferencias continúan cuando situamos cada concepto en su entorno, dentro del cual se establece como sistema. El entorno propio de los imaginarios sociales son, evidentemente, los universos simbólicos en cuanto constructores de la legitimidad social [13]; mientras que el instrumento básico mediante el que los imaginarios construyen algo como real es el de la percepción diseñada desde una focalidad determinada que permite dejar “fuera de campo” determinados fenómenos y volver relevantes otros.

El proceso básico que desencadenan los imaginarios es, por tanto, el de volver plausibles determinados enfoques de la cuestión, generar la plausibilidad de las perspectivas en juego. Este proceso produce distintos efectos: en el lado de lo positivo tendríamos en cuenta que los imaginarios nos proporcionan determinadas referencias que nos permiten una ubicación social determinada; mientras que, como lado negativo tendríamos un efecto (ya señalado por Lipovetsky [14]) de vacío y de indiferencia, que no se referirían tanto al uso que de ello hacían los apologetas de la religión, sino a la construcción del consumismo individualista masificado y a los procesos de desidentificación en marcha. Una última diferencia que identifica a los imaginarios es que su modo de ser no es el de la presencia sino el de la ausencia: los imaginarios nunca están ahí, disponibles, patentes, observables, sino que forman parte de los supuestos, aquello “natural” (o “naturalizado”) que se supone como existente y cuya realidad no se cuestiona.

Sólo hemos comentado aquella parte del cuadro que se refiere específicamente a los Imaginarios Sociales, pues una consideración más amplia [15] desborda los límites autoimpuestos a este texto. Para concluir, y avanzando algo sobre anteriores definiciones propuestas [16], los Imaginarios Sociales serían aquellos esquemas construidos socialmente que nos permiten percibir, explicar e intervenir en lo que en cada sistema social se considere como realidad.

CUADRO I
Diferencias entre los conceptos de Ciencia, Ideología, Creencia e Imaginario Social

Ciencia Ideología Creencia Imaginario Social
Distinción básica Conocimiento / ignorancia

Pensamiento verdadero / falso

Creencia verdadera / errónea Relevancia / Opacidad
Tipo de Discurso Demostración positiva Argumento Racional Argumento de Autoridad Retórica
Entorno Comunidad Científica, Paradigma Filosofía, Lógica bimodal Religión, Fe Universos Simbólicos

Instrumento

Análisis Razón Revelación Biografía Percepción
Procesos Investigación Legitimación Confesión Plausibilidad
Efectos Certeza, Progreso Totalización, Dominio

Dogma, Sentido

Referencias, Ubicación social

Consecuencias
no deseadas

Destrucción

Totalitarismo Fanatismo

Vacío, Indiferencia

Modo de ser

Se busca

Se tiene

Se está

Se supone

Elaboración propia: Juan Luis Pintos

III
Quisiera, antes de concluir esta breve Nota, ofrecer algunas sugerencias sobre cómo se construyen los Imaginarios que nos permiten observar la múltiple realidad de Galicia. Y digo múltiple porque las perspectivas que de hecho asumen los medios masivos (cuya función principal consiste en hacer descripciones de los sistemas sociales y constituir así una determinada memoria que nos permita observarlos como realidades [17]) se pueden diferenciar claramente según donde esté situado el observador.

Aplicaré a este caso el modelo que he elaborado para el análisis de imaginarios sociales. En muy pocas palabras este modelo parte del supuesto de que la perspectiva del observador de primer orden opera desde una distinción que se mantiene opaca para él y que sólo es definible desde una observación de segundo orden. Lo que sí es observable es la jerarquización de las relevancias del primer observador apreciada a través de los campos semánticos construidos por los productos mediáticos correspondientes (prensa, radio, publicidad, tv., etc.) [18].

Para no resultar excesivamente prolijo, voy a reducir la complejidad de perspectivas que se pueden asumir para la construcción de las imágenes de Galicia a dos básicas referidas a dos sistemas sociales que denominaré “Madrid” y “Galicia” respectivamente. Doy por supuesto que un sistema constituye el entorno del otro en ambos casos y por tanto tan relevante es su diferencia como su unidad. Doy también por supuesto que mi trabajo de observación se limita al ámbito epistemológico, al problema de la construcción de nuestro conocimiento, del que no se pueden inferir, sin que aparezcan como infundadas, conclusiones políticas. La diferenciación de los códigos en ambos sistemas funcionales no permite, al menos por una exigencia metodológica, aplicar programas unitariamente válidos [19].

En la Figura1 podemos ver el resultado de aplicar nuestro modelo a la perspectiva desde “Madrid” [20]. La distinción de la que se parte, y que es inobservable para el observador de primer orden, ocupa el lugar de los focos de la elipse y se formularía con esas dos palabras: desconfianza y atraso. La línea elíptica resultante sería el imaginario social de Galicia construido desde esta perspectiva y que permanece oculto. Lo que aparecen son los campos semánticos generados por la inscripción de la elipse en un eje de coordenadas que representa la posición espacio-temporal de ese imaginario [21]. El orden de los campos semánticos configurados como sectores del eje y segmentos de la elipse nos indica la jerarquización de relevancias. Tendríamos así que esta perspectiva construye la realidad gallega bajo las formas del conservadurismo (principalmente político, pero quizás también económico y cultural), el paisanaje (versión ruralista, retrógrada, de los habitantes del país), lo extraño (donde caben todo tipo de meigas, rarezas y tradiciones) y, finalmente (aunque se podrían dar otros muchos rasgos que aparecen en las imágenes divulgadas por los diferentes medios), lo imaginario (es decir, la versión literaria, metafórica, poética, mítica y paradójica de la realidad de Galicia).

FIGURA 1

Elaboración propia: Juan Luis Pintos

La perspectiva opuesta, complementaria o distorsionadora según se valore desde distintas posiciones epistémicas o políticas, vendría representada por lo que hemos denominado, reduciendo inevitablemente también la complejidad de la misma, “Galicia”[22]. Aquí, la distinción desde la que se construye el imaginario vendría indicada por una distinción polar que opera como código del sistema y que podría formularse de diferentes maneras. Hemos escogido la de arraigo / desarraigo porque nos permite objetivar mejor lo que está funcionando en los discursos que esta perspectiva construye sobre Galicia. Otras formulaciones posibles, también utilizadas en la ensayística sobre este tema serían las de amor/odio, autoestima/autoodio, etc.

Las imágenes que sobre esa opacidad se transparentan se organizan en los campos semánticos indicados. En primer lugar tendríamos la carencia, como la forma mas generalizada de presentar la imagen de lo que nos falta (“llorones”, “el que no llora no mama”...); al exhibir la debilidad se oculta el poder, la resistencia. Una segunda imagen permanente generada desde Galicia es la de la emigración / retorno bajo múltiples aspectos y que aquí referimos con salida / vuelta; esta constante desubicación de los habitantes de Galicia emite un mensaje de ambigüedad y de desinformación como formas de defensa colectiva: no están allí donde dicen, pero se les encuentra en cualquier parte. Otra imagen que produce el gallego, en parte coincidente con el cuarto sector de la perspectiva presentada en la figura 1, es la de “contar cuentos”, en el más amplio sentido de la palabra. Sus explicaciones son narraciones, sus problemas tienen siempre aspectos literarios, poéticos, míticos y por tanto no son fácilmente resolubles desde un razonamiento lineal ni desde un pensamiento único. Finalmente, sin llegar a concluir con el tema pero sí con este escrito, el cuarto campo semántico que hemos sugerido es el de aquello que popularmente se conoce como “retranca” y que coincide con los que universalmente se denomina “ironía” y que aquí expresamos bajo el término . Probablemente muchas de las imágenes producidas por esta perspectiva se tendrían que calificar como paradójicas lo que nos llevaría a tener que referirnos a la lógica y a la estrategia. Pero ese es otro trabajo distinto, ¿o no?

FIGURA 2

Elaboración propia: Juan Luis Pintos

Notas
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[1] Algún grupo o coalición política, con una visión paradójica de lo que supone un proyecto democrático, se autodenominó no hace muchos años “Realidade Galega”. Con ello se evitan engorrosas mediaciones de lo concreto y se ahuyenta el demonio del relativismo inevitable compañero del pluralismo político.

[2] Cfr. J.ORTEGA Y GASSET, [1927], Estudios sobre el amor, Madrid, Alianza, 1993, p. 93. Es realmente asombroso que a finales del siglo XX todavía no dispongamos en España de una edición crítica y completa de las obras de Ortega. Cito, por ello, por la edición de bolsillo que, en este momento, es la más completa aunque dispersa.

[3] Mientras que hasta 1914 el internacionalismo respondía a la ideología del movimiento obrero bajo sus diversas formas, y el nacionalismo a los intereses económicos y culturales enfrentados de las burguesías europeas, en este fin de siglo parecen ser los grupos dominantes en el mercado los que insisten en los aspectos de la mundialización y la globalización, mientras que serían los grupos desfavorecidos los que apremian sobre lo cotidiano y lo localizado.

[4] Cfr. J.L.PINTOS, “La nouvelle légitimation de la domination”, en prensa.

[5] A este respecto, son enormemente sugerentes las aportaciones, discutidas y difíciles, de J.-F. LYOTARD (Le différend, 1983).

[6] En particular ha sido Manuel Vázquez Montalbán quién más ha utilizado esta noción de imaginario en un sentido más aproximado al que yo utilizo.

[7] Ver el texto de la nota 4. 

[8] El eslogan de campaña se expresaba del mismo modo en gallego y castellano mediante un artificio gramatical (“Porque nos interesa este País”); la firme adhesión a la Constitución Española y a la Unión Europea, corrigiendo antiguas posiciones contrarias; la adjetivación de “socialdemócrata” a una posición ideológica “de izquierdas”; y otros muchos detalles que habrá que analizar cuidadosamente nos ofrecen una imagen de atenuación de las marcas del nacionalismo.

[9] Puede verse la literatura pertinente en J.L.PINTOS, "Orden social e imaginarios sociales (Una propuesta de investigación), en PAPERS, nº 45 (1995) 101-127.

[10] Ver el texto de la nota 4.

[11] Por eso nos parece altamente equívoco la denominación “Imaginario ideológico” que recientemente se ha usado en alguna publicación editada recientemente en Galicia. 

[12] Recordemos, más allá de la pura erudición, que el maestro más universal en Occidente y padre de todas las retóricas fue el español Quintiliano, del que por cierto todavía no disponemos de una traducción castellana actualizada de su magnum opus Institutiones Oratoriae, Libri XII.

[13] Cfr. BERGER, Peter L. & LUCKMANN, Thomas, [1966], La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu, 1976, pp. 120-163.

[14] Cfr. Gilles LIPOVETSKY, La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 1986 y del mismo autor El imperio de lo efímero, Barcelona, Anagrama, 1990.

[15] Que ofreceremos próximamente como segundo capítulo de una monografía titulada: Orden social e Imaginarios Sociales.

[16] Cfr. J.L.PINTOS, Los imaginarios sociales. La nueva construcción de la realidad social, Santander, Sal Terrae, 1995. Pueden verse también J.L.PINTOS, "El imaginario social de la religión (Perspectiva desde Galicia), en A.G.H. [1993], O feito relixioso na Historia de Galicia, Santiago : Asoc. Galega de Historiadores, 1993, pp. 175-199.; J.L.PINTOS, Sociocibernética. Marco sistémico y esquema conceptual, en J.M.DELGADO & J.GUTIERREZ, Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales, Madrid : Síntesis, 1994,, pp.563-580; J.L.PINTOS, El imaginario católico, en J.A.GIMBERNAT & C.GOMEZ (Eds.), La pasión por la libertad. Homenaje a I.Ellacuría, Estella, Verbo Divino, 1994, pp.103-123; J.L.PINTOS, “Una perspectiva sociocibernética sobre la religión: las imaginarios sociales de lo mundanamente irrepresentable”, en POLITICA Y SOCIEDAD, nº 22 (1996) 33-44

[17] Cfr. N.LUHMANN, Die Realität der Massenmedien, Opladen, Westdeutscher, 1996, pp. 120-122 y 169-182.

[18] Una explicación más amplia del modelo puede verse en J.L.PINTOS, Sociocibernética. Marco sistémico y esquema conceptual, en J.M.DELGADO & J.GUTIERREZ, Métodos y técnicas cualitativas de investigación en ciencias sociales, Madrid : Síntesis, 1994,, pp.572-578; y en J.L.PINTOS, Los imaginarios sociales. La nueva construcción de la realidad social, Santander, Sal Terrae, 1995, pp. 14-19.

[19] Cfr. N.LUHMANN, Die Realität der Massenmedien, Opladen, Westdeutscher, 1996, pp.32-48; N.LUHMANN, Sistemas sociales, México, U.Iberoamericana, 1991, pp.322-324.

[20] El término “Madrid” es un constructo epistémico no una realidad geográfica o política.

[21] La definición del espacio y del tiempo se hace en términos sociológicos de institucionalización y duración. 

[22] Ver nota 20.