Juan-Luis
Pintos
El pensamiento finisecular en perspectiva sociocibernética
Santiago de Compostela / Braga, 1996

Intervención en
una mesa redonda
en la “Feira do Livro” de Braga
el 7 de Marzo de 1996

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I
  1. La permanente atención que la filosofía ha mantenido hacia los modos, procedimientos y, sobre todo, epistemología empleados en cada momento por la práctica científica ha venido debilitándose a lo largo de este siglo de tal forma que los discursos del pensamiento han ido perdiendo sus contenidos conceptuales a cambio de mantener una forma retórica adaptada al orden social vigente.
  2. Mientras que el pensamiento se ha conformado con los límites dictados desde las instancias socialmente dominantes ha podido sobrevivir bajo la figura del ensayo en el mercado de la industria cultural. Una gran parte de la denominada “posmodernidad” por un lado y de las tendencias sedicentes “analíticas” por otro se han constituido en la mercancía al uso en dicho mercado. 
  3. Las diferentes tradiciones de pensamiento enmarcadas principalmente en distintas culturas “nacionales” (menos geográficas y territoriales y más lingüísticas e históricas) se han orientado en las últimas décadas hacia posiciones eclécticas, formalistas y progresivamente desdiferenciadas de tal manera que los códigos de los discursos van convergiendo hacia pautas homogeneizadoras de simplificación de la complejidad.
  4. Los procesos mediante los cuales el sistema social ha proporcionado un acceso cada vez más amplio a los productos culturales (en sus diferentes soportes: libro, discos, cd-rom, etc.; y géneros: literatura, arte, música, cine, ensayo, etc.) han favorecido un estilo de pensamiento caracterizado por su orientación al consumo inmediato, su rápida obsolescencia, su forma de simulacro, su presentación como fragmento y su negación de referencias globales.
II
  1. Emergiendo de ese paisaje intelectual generalizado aparecen algunos intentos de recuperar creativamente las tradiciones del pensamiento occidental. Más que “Escuelas” o grupos identificables institucionalmente son tendencias u orientaciones (con sus ambigüedades y sus incoherencias) de las que podríamos esbozar aquí las siguientes:

    1. Tendencias hacia la unificación de perspectivas, temáticas, métodos, y sus contrarias tendencias hacia el mantenimiento de la pluralidad. Las primeras están preocupadas por la identidad, las segundas por la diferencia

    2. Tendencias hacia la subordinación del pensamiento a la actividad “científica”, y las contrarias en las que el pensamiento autónomo es “productor de conceptos”

    3. Tendencias hacia la separación de tiempo y pensamiento, y las contrarias de inclusión de la experiencia del tiempo en el discurso teórico

    4. Tendencias hacia una concepción objetivista/fijista de la ontología y la ética (o de la “realidad” y los “valores”), y sus contrarias de tipo “constructivista”.

  2. El panorama resultante se caracteriza por una elevada complejidad que vuelve inoperantes los paradigmas clásicos del conocimiento (teorías, epistemologías y métodos) y plantea la exigencia de un programa de investigación cuyo objetivo sea la definición de los problemas que nos afectan como miembros del grupo humano. Este programa está ya siendo desarrollado por diferentes grupos de científicos y pensadores que integran los saberes dispersos y especializados en proyectos parciales orientados operativamente (“Riesgo”, “Guerra y Paz”, “Salud Pública”, “Trabajo y Empleo”, etc.), en algunos centros o equipos con un mínimo grado de institucionalización y un tipo muy flexible de organización y financiación.
  3. Las dificultades que actualmente encuentran estos grupos y programas para desarrollar sus funciones de conocimiento y de propuesta de actuación provienen de dos campos principales, el académico y el político. Desde las instituciones académicas universitarias, fuertemente segmentadas e incomunicadas en el ámbito de los saberes y con un alto grado de unificación administrativa burocratizada, no son capaces de percibir la trama de la compleja problemática de la sociedad, y menos de proponer respuestas que no vayan en el sentido de la integración de los saberes en el mercado. Desde las instancias políticas se consideran sospechosos los proyectos que no sean susceptibles de ser utilizados electoralmente a corto plazo y se limita financieramente cualquier proyecto que pueda cuestionar la situación mundial (o territorial) de dominación (considerada como “algo natural” no sujeta a discusión ni alternativa futura).
III
  1. La reconsideración generalizada que está teniendo lugar en diferentes campos científicos acerca de la percepción, intervención y definición de lo que en cada caso se entienda por realidad nos obliga a reflexionar sobre las condiciones del conocimiento por una parte, y sobre la producción de información y los procesos comunicativos reales propios de nuestra sociedad. Las distinciones que en este ámbito ha realizado el pensamiento dependiente de la Ilustración, a saber: racional/irracional, sujeto/objeto, individuo/colectividad, todo (totalidad)/parte (particularidad), que han funcionado como códigos de programación de la actividad reflexiva, están siendo sustituidas por otras codificaciones que asumen mayor y más evidente relevancia en la actualidad: diferencia/identidad, operación/observación, actualidad/posibilidad y sistema/entorno.
  2. La complejidad se sitúa en el centro de cualquier consideración científica y filosófica de tal forma que plantea la exigencia de no ser suprimida mediante la simplificación sino ser mantenida y reducida a los umbrales de la comprensión. Esta reducción se hace posible mediante el sentido por el que se sitúa el objeto en relación con su entorno y con el observador y en el marco de la posibilidad (frente al marco de la causalidad).
  3. La observación deja de ser una sencilla operación de medición y cuantificación de objetos y frecuencias que delimitan el ámbito de los saberes a la repetición de lo ya conocido para convertirse en una operación de diseñar una distinción y asumir una posición en uno de los dos campos distinguidos. Las ciencias y el pensamiento practican una observación de segundo orden mediante la cual se llega a conocer la distinción con la que opera el observador de primer orden y que para él se verifica como su punto ciego.
  4. Las funciones que los sistemas sociales están comenzando a atribuir al pensamiento y la filosofía se orientan hacia la producción de conceptos que expresen el sentido como reducción de la complejidad, y hacia la construcción de saberes basados en la sociocibernética (observación de segundo orden que distingue indicando), que últimamente desembocan en un nuevo imperativo ético: “Actúa siempre de tal manera que se incremente siempre el número de posibilidades” (Von Foerster)
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[1] “Com as fracturas do tempo cresce a dissolvência da razão moderna, que parcela impiedosamente a realidade, erigindo o conhecimento fragmentário em visão absoluta. Quando a desconstrução pretende ser actividade radical e última, o proceso facilmente descai em tecnologia do absoluto, em que toda a comprensão é exclusivamente construção. Esta olvida a auto-superação, que anima o sentido originario da metafísica, infiltra de nada a liberdade, aperta o regreso do trágico no círculo do desespero e só por radical conversão liberta o primado da relação, a descentração do sujeito e inaugura o acesso ao pensamento holístico”. (Miguel Baptista PEREIRA, Modernidade e Tempo, Coimbra, 1990, p. 115)

[2] “La philosophie consiste toujours à inventer des concepts. Je n’ai jamais eu de souci concernant un dépassement de la métaphysique ou une mort de la philosophie. La philosophie a une fonction qui reste parfaitment actuelle, créer des concepts. Personne en peut le faire à sa place. (...) C’est que le concept, je crois, comporte deux autres dimensions, celles du percept et de l’affect. C’est cela qui m’intéresse, et non les images. Les percepts ne sont pas des perceptions, ce sont des paquets de sensations et de relations qui survivent à celui qui les éprouvent. Les affects ne sont pas de sentiments, ce sont des devenirs qui débordent celui qui passe par eux (il devient autre).” (Gilles DELEUZE, Pourparlers, Paris, Minuit, 1990, pp.186-187)